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Editorial OJ n. 7

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¿Cambio radical?

 

¿Renée Zellweger? ¿Uma Thurman? ¿Mary Kate Olsen? ¿María Teresa Fernández de la Vega? Seguro que estos nombres no han dejado indiferente a nadie y han sido la comidilla de muchas tardes de tertulia.

– ¿Y ésta qué se habrá hecho? Se ha pasado con el bótox, ¡está claro!

– Que no, yo creo que se ha cortado el pelo.

– Yo creo que se ha maquillado de prisa y corriendo y ha salido tal cual a la calle, además ese vestido no le favorece nada.

– ¡Ha engordado y por eso se le ve diferente!

Durante estos meses no hemos parado de ver un sinfín de fotos del antes y el después de rostros conocidos que han dejado perplejo a más de un espectador.

Estos asombros a veces provocados por las malas lenguas, también se dan en un ámbito más cercano: ¿Cuántas veces hemos asistido a un cumpleaños o a una boda y hemos observado con incertidumbre un cambio radical en alguno de los asistentes? ¿Cuántas veces esa persona ha sido el chismorreo en petit comité sobre lo que verdaderamente se ha podido hacer?

Lo primero que nos viene a la mente al ver unas imágenes de un personaje famoso o de algún familiar o allegado al que hace tiempo que no vemos y que se muestra de forma diferente a la habitual es creer que se ha sometido a múltiples intervenciones estéticas; en cambio, cuando analizamos con detenimiento esas imágenes nos damos cuenta de que el cambio radical es debido a muchos otros factores.

Por eso es importante remarcar que no todos los cambios radicales se deben a actos médicos, ya sean de cirugía o medicina estética. La imagen de una persona puede cambiar sustancialmente a mejor o a peor en función de su vestimenta, maquillaje o simplemente su pelo; y si además lo que valoramos es una fotografía que aparece en una revista o en medios digitales, hay que añadirle factores como la iluminación, photoshop, actitud frente a la cámara o simplemente la expresión facial del momento en que se le ha realizado la instantánea.

En los tiempos que corren, cada vez es más habitual que una persona se someta a algún retoque a nivel facial o corporal que en muchas ocasiones suele venir condicionado por nuestro entorno o simplemente por el hecho de querer que el espejo nos devuelva la mejor versión de nosotros mismos. El cambio no tiene por qué ser siempre radical, ni el cambio radical necesariamente tiene que ser malo. Nosotros somos partidarios de conseguir una mejoría de nuestra imagen de forma sutil y paulatina ya que así damos tiempo al entorno a asimilar los pequeños cambios. Apostamos por el lema de que una cirugía o un tratamiento de medicina estética bien hecho es aquél en el que el entorno nota una mejora en el aspecto sin saber exactamente el porqué.

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