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EDITORIAL OJ n.3

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“¡Doctor!, quería un poco de bótox para aumentar mis labios… “, “… ¿cuántos kilos voy a perder si me hago una lipo?”, “… y con este tratamiento ¿lo voy a solucionar todo?”, “…y ¿este nuevo tratamiento es efectivo?”, “… y si ahora me opero la nariz?”, …-

Después de casi 10 años de dedicación en cuerpo y alma a la cirugía y medicina estética, después de tratar infinidad de casos y obtener un feedback positivo y gratificante, en la mayor parte de ellos; después de aprender de los errores o de la satisfacción incompleta de algún que otro paciente, también hay que decirlo; después de observar la creciente aparición de “tratamientos novedosos” y al mismo tiempo la controversia y desinformación, en ocasiones, al generarse leyendas urbanas que provocan confusión, miedo y rechazo; y lo más importante de todo, tras la incesante inquietud de las personas por cuidarse y sentirse bien consigo mismas, surge la necesidad imperiosa y la obligación moral de poner un poco de orden en todo este enjambre de “sobreinformación”.

Como profesionales, es nuestro deber ser realistas y consecuentes, aconsejar y asesorar sobre las diferentes terapias que existen, en resumen, hay que poner los puntos sobre las íes.

Ni un único tratamiento puede solucionar infinidad de problemas, ni en todo el mundo va a poder ser aplicable.

En muchas ocasiones, para alcanzar la meta deseada es necesario aplicar diferentes técnicas.

No existen las soluciones milagrosas. El querer “venderlo” todo, lo único que provoca es la pérdida de credibilidad y el fracaso como profesional.

El paciente cuando acude a la consulta puede que se encuentre perdido y lo que espera y agradece es sensatez y coherencia en la información que se le proporciona.

Hay otros casos en los que ni la cirugía ni los avances a nuestro alcance pueden solucionar lo que el paciente desea conseguir. Esto se debe a que lo perseguido no es posible técnicamente o porque consideramos que no se ajusta a los cánones de armonía o belleza. Un buen estudio y razonamiento del caso y si es necesario una retirada a tiempo, además de trasparentes nos hace más profesionales.

Y… qué decir tiene la posible adicción que pueden presentar algunas personas a los tratamientos estéticos en general. Es precisamente en estos casos cuando hay que saber estar a la altura y aconsejar o desaconsejar en cada momento la práctica o no de un tratamiento. No hay que olvidar que además de velar por la imagen natural y armónica del paciente estamos defendiendo nuestro “saber hacer”, nuestro criterio y nuestro sello de identidad.

Sin lugar a dudas, este nuevo papel de asesor estético no sería posible sin la existencia de todo un equipo de cualificados profesionales y expertos en sus áreas de actuación, que configuran a día de hoy la imagen y el firma de Dr. Junco, Cirugía Plástica y Estética.

OJ

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